viaja con la musica ...: ¡Ojala pudieras bajar aquí! - Musica diferente, historias diferentes, ideas, paranoias, fotos, videos, ...

lunes, 12 de julio de 2010

¡Ojala pudieras bajar aquí!


Dicen que es la única estatua del mundo dedicada al diablo y se encuentra en el corazón del Parque de El Retiro, en Madrid. Curiosamente se sitúa a una altitud topográfica de 666 metros sobre el nivel del mar.





Mi nombre era Luzbel, pero hace mucho tiempo que nadie me llama así, porque ese era mi nombre de ángel hasta que fui expulsado del cielo. Ahora me conocen por otros nombres, nombres que siempre se asocian al mal y que llenan el corazón de miedo sólo con pronunciarlos. Por eso la prefiero a ella, para quien siempre soy sólo el ángel caído. Ella es la muchacha más dulce que he visto nunca. La conozco desde que era niña, la he visto crecer y convertirse en la belleza que es hoy. Y la he visto también caer, como caí yo. Ella también ha sido expulsada de su cielo particular, de una sociedad a la que desea pertenecer y que la rechaza. Ni siquiera lo imagina pero tenemos más cosas en común de lo que se piensa. Eva, ese es su nombre.


Eva era apenas una niña la primera vez que vino a verme. Su padre la traía de la mano y pude ver su maravillosa cara cuando la levantó para mirar lo que su padre señalaba en las alturas. También vi como el asombro llenaba sus ojos al descubrirme. Con una rapidez asombrosa para una niña tan pequeña se soltó de la mano de su padre y corrió hacia mi jardín. No logró saltar la barandilla a tiempo y su padre la agarró de nuevo. Aquella tarde Eva se alejó llorando de la mano de su padre, pero cada pocos pasos se volvía y me miraba entre lágrimas. Y desde aquella tarde, Eva no faltó ni un día a su cita conmigo. A veces jugaba a la pelota cerca de mí y la tiraba hacia mi jardín, colándose a recogerla sólo como excusa para poder tocar la columna sobre la que yo estaba. Otras veces se sentaba muy formal al lado de su padre, dando de comer a las palomas mientras mantenía largas conversaciones mentales conmigo. Que yo no la contestara no la desanimaba y seguía contándome sus pequeños secretos. Según iba creciendo sus gustos y sus actitudes también cambiaban. Ya no saltaba al jardín y se limitaba a permanecer sentada en un banco leyendo o estudiando. Pero seguía hablando conmigo, contándome sus secretos que, por supuesto también iban creciendo.

Hoy también ha venido. La he visto rondando por aquí. Últimamente está extraña. La veo rondar por el parque todo el día, como si buscara algo. Cuando se sienta a mi lado la noto nerviosa y desasosegada. Aún no ha querido contarme lo que le sucede pero siento la confusión en su mente. Al medio día se ha parado junto a mí, pero enseguida ha desaparecido metiéndose entre unos arbustos cercanos. He visto alguna vez a los niños jugando al escondite en ese arbusto. Les he oído pensar en el hueco que se esconde bajo sus ramas y que los oculta del mundo. Ahora la siento allí acurrucada. Oigo su respiración calmada. Creo que se ha dormido, aunque no logro adivinar porque se ha escondido ahí para dormir. Ojala pudiera preguntárselo algún día.

La noche ha caído. Oigo a los guardias del parque acercándose mientras hacen la última ronda. Puedo sentir a Eva, despierta y alerta bajo los arbustos. Siento como se tensa cuando escucha hablar a los guardias porque su corazón se acelera y su respiración se detiene durante un par de segundos. Está asustada tal vez por la posibilidad de que la descubran. Desde hace años los guardias recorren el parque al comenzar la noche y luego no viene nadie más hasta que amanece. Tal vez Eva ha dormido demasiado y al darse cuenta de que venían los vigilantes ha visto como sus esperanzas de salir a tiempo se han esfumado. Tal vez lo que le da miedo no sean los dos hombres que se acercan, sino la perspectiva de pasar sola la noche allí. No recuerda haberla visto nunca al ponerse el sol.

Las voces se alejan y Eva sale a gatas de su escondite. Empuja un bulto negro delante de ella. Se dirige a su banco, con el paso un poco vacilante por las horas de inactividad. Allí abre el bulto y empieza a sacar cosas y a disponerlas encima de la piedra. Por primera vez no me habla con la mente, sino con un susurro dulce. Por un momento pienso que si ella está allí la noche será mágica y puede pasar de todo. Luego el momento se va y me concentro en escuchar lo que Eva me cuenta.

Ella no deja de hablar de los recuerdos que comparte conmigo y de las ganas que tenía de poder pasar una noche a mi lado. Me sorprende al quedarse desnuda completamente. Saca del bulto unas medias negras y unas braguitas de encaje rojo. Se las pone con cuidado mientras sigue hablando sin parar. Coge después un rojo vestido de noche. Lo sacude un poco para estirar las arrugas y se viste. Por último, se calza unos zapatos de charol rojo con tacón de aguja. Dobla las ropas que se había quitado y las guarda en el bulto negro que ahora identifico con una mochila, no sin antes sacar de ella una bolsa térmica que contiene una botella. Es cava según me informa ella misma. Pone la mochila debajo del banco y descorcha la botella y la levanta hacia la oscura noche. Escucho su voz dulce susurrando de nuevo. Brinda por mí y por nuestra primera noche juntos y bebe un largo trago. Después se levanta, tambaleándose un poco por los tacones, y da una vuelta completa sobre sí misma enseñándome su vestido y preguntándome si me gusta porque se lo ha puesto para mí. Pienso que en verdad esa noche la he visto más hermosa que nunca. Vestida así está bellísima, pero aún lo estaba más en su inesperada desnudez.

Vuelve a sentarse y sigue bebiendo de la botella a sorbitos. Hoy está muy habladora. Por fin me está contando todo lo que le preocupaba desde hacia meses y que aún no había sido capaz de decirme. Se quedó sin trabajo, perdió su casa, la abandonaron sus amigos,… Llevaba un par de meses viviendo en la calle. Por eso la veía más tiempo durante el día. Por eso aquella noche había decidido por fin dormir a mi lado. Eva inclina su cabeza hacia atrás y pronuncia la frase que desata la magia: ¡Ojala pudieras bajar aquí!

Unos segundos después me encuentro sentado a su lado, en el banco de piedra. Temo asustarla, por eso llevo mi mano muy despacio hasta su cintura. Ella se estremece un poco pero no es miedo lo que percibo en su mente. Creo que el frío que siente cuando la toco es el culpable. Aunque cada vez parezco más humano y menos estatua, aún no he perdido del todo el frío del bronce del que estoy hecho. Aunque ella me ha despertado esta noche. Ella ha hecho que me sienta mas vivo que nunca. Por un lado deseo que se vuelva y me mire, pero por otro me da miedo lo que pueda encontrar en sus ojos cuando se crucen con los míos. Finalmente me armo de valor y susurro su nombre:

- Eva.
- Mi ángel caído – susurra ella sin volverse.
- Por favor, Eva, mírame – acaricio su pelo mientras hablo, aunque sé que no necesita que la tranquilice. Vuelvo a ser de carne y hueso, pero mi mente sigue conectada a la suya.
- ¿Estás aquí de verdad? ¿No eres un sueño ni una alucinación? – no se atreve a volverse por miedo a que yo desaparezca.
- Compruébalo tú misma. En serio, estoy aquí. Me has llamado y he venido. Me has despertado y te pertenezco durante toda esta noche.
- Bueno, eso es un cambio porque he sido yo la que siempre te he pertenecido a ti.
- ¿Por eso tienes miedo de mirarme?
- ¿Miedo de ti? ¿Cómo se puede temer a aquello que se ama?

Eva se vuelve por fin. Sus ojos se quedan atrapados en los míos. Sus labios se encuentran apenas a unos milímetros de los míos. El deseo me resulta insoportable y cruzo la línea. Borro la distancia que nos separa y beso sus labios por fin. Ella me responde con un deseo aún mayor que el mío. La abrazo con fuerza y ella se refugia contra mi pecho, cruzando sus piernas sobre las mías como si eso pudiera acercarnos aún más. Somos incapaces de separar nuestros labios, así que seguimos besándonos durante unos minutos. Cuando por fin logro separar mi boca de la suya lo hago sólo para que mis besos bajen por su cuello. Recorro despacio sus hombros y su escote. Me detengo en el nacimiento de sus pechos sólo porque allí noto más fuerte el latido de su corazón. Ella se acerca a mi oído y me susurra dos palabras que avivan el fuego de mi interior. Le pido que me lo repita y ella susurra de nuevo “Hazme tuya”. La beso de nuevo, con más fuerza que antes. Ya no tengo miedo de herirla, ya no queda en mí nada de la estatua que era. Paso uno de mis brazos por debajo de sus rodillas y aseguro el otro tras de su espalda. Ella se agarra a mi cuello, enredando sus dedos en mis cabellos. Me levanto con Eva entre mis brazos y me dirijo al jardín más cercano. Con mucho cuidado la deposito en la hierba y me tiendo a su lado.

Los besos de Eva se hacen cada vez más urgentes así que bajo mis manos hasta sus piernas y subo acariciando su piel por debajo del vestido. La despojo de sus ropas despacio a pesar de que el deseo de ver de nuevo su desnudez me consume por dentro. Sólo me doy cuenta de que yo ya estoy desnudo cuando siento el calor de la piel de Eva contra mi vientre y sus uñas clavándose en mi espalda. Por primera vez en muchos siglos siento el dolor recorriendo mi cuerpo: el dolor de sentir mi piel rasgada y el dolor de separar mis labios de los de Eva. Pero no puedo mantenerme lejos de su cuerpo durante mucho tiempo. Vuelvo a recorrerlo con los labios y con las manos. Tomo posesión de cada centímetro de su piel tal y como ella me ha pedido. Siento sus gemidos en cada poro de mi piel acrecentando aún más mi deseo. Llego a sus piernas y hundo mi cabeza entre ellas. Eva suspira en el momento en que mi lengua encuentra su sexo y empiezo a lamerlo despacio. La siento estremecerse entre mis manos. Por enésima vez esa noche no puedo esperar para unirme a ella, pero esta vez no me resisto. Vuelvo a buscar su boca con la mía mientras dejo que sus piernas se abracen a mi cintura. La penetro con fuerza y ella jadea con sus labios contra los míos. Eva ayuda con sus piernas a que cada vez me hunda más en su interior.

Siento como se agita un poco debajo de mi cuerpo y un segundo después me encuentro con la espalda pegada al suelo y con Eva cabalgando sobre mí. Ahora es ella la que marca el ritmo. Por un momento lo mantiene tan lento que creo que me voy a volver loco. Acaricio sus pechos con las manos y eso parece despertarla. Poco a poco va aumentando el ritmo. Sube y baja sobre mí, gira sus caderas, se mueve hacia delante y hacia atrás, cambia a cada momento sus caricias, pero siempre un poco más rápido. Por un momento la veo resplandecer y sé que el mundo no existe ya para ella. Puedo sentir en su mente como el placer recorre su cuerpo. Eso desata mi propio placer y siento de primera mano lo que un segundo antes sentía a través de Eva. Nuestras manos se encuentran en ese mundo paralelo donde no hay nada más que nosotros dos y nuestros sentimientos. Luego Eva se deja caer sobre mi pecho y la abrazo. Recuperamos la respiración lentamente.

- Y ahora ¿qué va a pasar? ¿Volverás a tu columna? – pregunta Eva susurrando en mi oído.
- Debo hacerlo. ¿Te gustaría quedarte conmigo?
- ¿Puedo?
- Sólo si lo deseas realmente.

Eva me mira a los ojos y sé su respuesta.



La mañana está avanzada. Vuelvo a estar en mi columna. A mis pies, una cinta amarilla rodea la barandilla. Dos policías buscan entre las flores. Dos enfermeros esperan junto a una ambulancia a que les den la orden de retirar el cadáver. Otros dos hombres examinan el cuerpo sin vida de la mujer que yace en el jardín. Su vestido de noche rojo y sus zapatos de tacón les han despistado al principio aunque pronto han encontrado la mochila bajo el banco y la botella de champán vacía. Si supieran la causa de su muerte se sorprenderían aún más, pero no encontrarán nada. Eva, o mejor dicho, el espíritu de Eva, está sentada a mi lado mirando hacia abajo, como si el cuerpo que está abajo no fuera el suyo. Su mano suave acaricia la mía.

- ¿De verdad me quedaré siempre contigo? – vuelve a usar su mente para comunicarse conmigo.
- Sólo hasta que tú quieras.
- Entonces será para siempre.- reflexiona durante unos segundos y luego vuelve a hablarme.
- ¿Dejarás de…? ¿Volverás a…?- Le cuesta encontrar las palabras, pero sé lo que quiere preguntarme.
- Sí, mientras sigas deseándolo, cada noche volveré a ti.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

luzia baño oso ona jajajja

Tsunade dijo...

ostiaaa!! esa fuente como molabaaa!! :D

Sayonara baby

Sayonara baby